Versos enormigantes

Hubo un tiempo en el que las tardes las mataba frente a una libreta con cubierta roja, después pasó a ser azul en la que empezó a escribir su primera novela -no pasó de los primeros capítulos inspirados en una serie americana para adolescentes-.

Un desahogo en hojas de cuadro. Más tarde en folios, cuando aprendió a no torcer las líneas que escribía. “Quiero escribir”, decía. Quiso ser periodista desde pequeña, porque todos los libros sobre medicinas ya estaban escritos.

Empezaba a ser adulta, a escuchar a Serrat y jazz, pero aún así compró un cuaderno en el que escribir con pasta celeste y una setas hechas con cartulina de hojas blancas. El camino despejado. Libre.

Seguía empezando a ser adulta, cuando se abrió el primer blog, el segundo, el tercero… en todos, nuevamente, el camino despejado. Libre.

El desahogo hubo veces que no era tal. Ganas de decir, de emocionar. Letras escritas a lápiz en una molaskine, tal vez.

Versos enormigantes es la recopilación de algunos “poemas” y textos. Versos digitales y en molaskine, dedicados al tiempo verbal. En gerundio. Está pasando.

Versos enormigantes