Hacia una nueva hispanidad

Artículo publicado en el nº 5 de la Revista Madriz escrito por Jessica Romero

El 12 de octubre en España está marcado por dos grandes eventos: un desfile militar presidido por la plana mayor del Estado y la ofrenda de flores a la Virgen del Pilar. En Madriz nos preguntamos si en pleno siglo XXI tiene sentido celebrar de esta forma el Día de la Hispanidad y cómo se construye colectivamente una nueva forma de entender “lo hispano”.

Aunque para muchos españoles el 12 de octubre es solo un día de vacaciones más, tal vez un agradable puente en el que descansar del trabajo, hay que reconstruir la evolución de esta celebración para comprenderla hoy. Para ello hay que hacer un breve recorrido por la historia de España y pararse en la influencia que los poderes militar y religioso han tenido en el pueblo. Asimismo, los flujos migratorios, la caída de la Iglesia, la incorporación de la mujer al mercado laboral y la actual crisis económica son indicadores de una evolución no sólo del concepto de hispanidad si no de las diversas formas en las que un ciudadano puede sentirse orgulloso de ser español.

Para entender cómo la religión católica ha influido históricamente en la creación de una conciencia nacional hay que revisar la leyenda que cuenta la aparición de la Virgen del Pilar al apóstol Santiago para darle un mensaje en el que le pedía la creación de una basílica y le aseguraba que España sería su nación predilecta, y por tanto, los españoles sus protegidos. Desde entonces, el 12 de octubre, día en el que se conmemora la llegada de Colón a América también se celebra el Día de la Virgen del Pilar, nombrada patrona y capitana de las tropas que lucharon contra Napoleón y que finalmente, consiguieron la independencia el 2 de mayo de 1808, día decretado por las Cortes de Cádiz en 1811 para celebrar la fiesta nacional con un marcado carácter laico y político alimentado por los aires constitucionales de la época. El “Día de la Hispanidad” y no de la “Raza” se celebra por primera el 12 de octubre de 1935 gracias al esfuerzo del escritor y diplomático Ramiro de Maeztu, quien publicó un año antes “Defensa de la Hispanidad”, aunque fue en 1926 cuando el obispo católico Zacarías de Vizcarra acuña este término.

Oficialmente, la efeméride que se celebra es el descubrimiento de América por el marino genovés Cristóbal Colón en 1492, en una misión mercantil y evangelizadora para los Reyes Católicos que fue el inicio de siglos de colonización y sometimiento de la población del continente americano. A través del conflicto, la imposición, pero también la mezcla y el intercambio configura la identidad de “lo hispano”. Sin embargo, tradicionalmente la fiesta patria está marcada por lo militar y lo religioso. Es un alarde y exaltación, por un lado, del poder de las Fuerzas Armadas a través de un desfile marcial al que acude la Familia Real y los más altos representantes del Estado y por otro, de la influencia de la Iglesia con la masiva ofrenda de flores a la Virgen del Pilar.

Sin embargo, el propio concepto y la celebración de la hispanidad ha ido mutando desde entonces: hoy ya no es lo mismo que a principios del siglo XX y poco tiene que ver el 12 de octubre de la dictadura franquista o de la Transición. La hispanista Mercedes Carbayo-Abengozar establece una diferencia entre lo que significa lo hispano en España y en Estados Unidos: “En Estados Unidos se entiende en términos latino-americanos. Los españoles son europeos, blancos, ‘ricos’, viajeros, investigadores, etc., nada que ver con los latino-americanos que cruzan la frontera en busca de una vida mejor y se encuentran lo que todos sabemos”.

“Es importante defender las identidades de todo tipo, pero sin encumbrarlas. La hispanidad, hoy, no tiene sentido sin la diversidad. Quizá sea la hora de albergar bajo dicho paraguas a todos los que, en un sentido o en otro, también forman parte de ese fenómeno histórico y cultural” apunta el periodista Juan José Téllez.

Jonás Candalija tiene 28 años y es madrileño. “Cuando pequeño me emocionaba la exhibición bélica del desfile”, recuerda. Para él el Día de la Hispanidad “se ha convertido en una simple exaltación patriótica militar y los valores más rancios de la vieja guardia local”. Para Téllez “es una vergüenza que se vista de caqui” y apuesta “por la cultura de la paz frente al militarismo ramplón”.

En los últimos años, muchos de los soldados profesionales del desfile eran latinoamericanos. Desde que en diciembre de 2001 el gobierno de Aznar suprimiera el servicio obligatorio, el Ejército ha tendido a la profesionalización permitiendo que ciudadanos de América Latina y Guinea Ecuatorial entraran en sus filas. Actualmente el 9% de los soldados de las Fuerzas Armadas son hispanoamericanos, el porcentaje en misiones especiales puede llegar a ser hasta un 30% del total de los soldados destinados. Juan Carlos Monedero, profesor de Ciencia Política y de la Administración en la Universidad Complutense de Madrid considera que “la celebración del ‘día de la patria’, entendido como ‘hispanidad’, necesita a América Latina para completarse, de manera que, la inmigración tiene ahí su espacio. Algo que se incrementa cuando los españoles ‘originarios’ no quieren ir a pegar absurdos tiros a Afganistán”, indica Monedero, “mientras que a la inmigración latinoamericana se les ofrece, junto al ingrato trabajo, la posibilidad de obtener la nacionalidad”.

No solo dentro del desfile: también es cada vez más frecuente ver a familias inmigrantes asistiendo a las celebraciones del 12 de octubre en la calle, lo que para Carbayo- Abengozar demuestra que hay un “lazo común”, fundamentalmente a través de “la lengua y la cultura” y del sentimiento de formar parte de “una comunidad que celebra”. Eso “les hace sentir algo más españoles, más integrados y menos acosados”, concluye.

Hoy la hispanidad podría entenderse como una construcción diversa y abierta en parte fruto del sentimiento de culpa por la conquista de América: “se ha asumido cierta responsabiliad”, reconoce Jonás Candalija, que considera que hay historiadores, como Pío Moa, que “hacen gala de un nuevo neocolonialismo e imperialismo cultural que no contribuye a la reconciliación histórica”.

Sobre el sentimiento de culpa, Téllez afirma que “no le enorgullece la colonización de Castilla en América o Filipinas pero tampoco me fascina este mismo fenómeno por parte de Gran Bretaña o Portugal, o nuestro papel colectivo en África ni el imperialismo que no cesa, venga de donde venga”. Coincide con Carbayo-Abengozar en que “no hay nada malo en reconocer que aunque haya sido mediante una colonización que provocó destrucción e intentó la aniquilación del otro allá por el siglo XV, en el siglo XXI existe una sensación de que tenemos lazos comunes” y de que “deberíamos esforzarnos en aceptar lo mejor de esa experiencia histórica”, apostilla Téllez.

Incluso un nuevo concepto de españolidad se abre camino. ¿Qué es ser español en un país donde más de millón y medio de personas, casi el 30% de los ciudadanos extranjeros empadronados, provienen de América Latina, según el último avance del padrón municipal? ¿Qué es hoy ser español si hay casi el doble de españoles ateos o no creyentes (22%) que practicantes asiduos de la fe católica (13%), según el CIS? ¿Qué es ser español si con la emancipación de la mujer han cambiado también los modelos familiares y educativos, trastocando parte de los cimientos tradicionales del Estado en los que estaba aleccionada para criar y educar en el catolicismo y rompiendo con el nacionalismo matriarcal? Las cifras sobre la incorporación de las mujeres al mercado laboral son significativos ya que la el porcentaje de ellas que trabaja fuera del hogar duplica los datos registrados en 1996, alcanzando en 2011 un 41,84%.

Esos cambios han afectado a la personalidad de grupos sociales a diferentes velocidades y de forma heterogénea y casi siempre al margen de la simbología nacionalista española. Se ha llegado a producir una fractura, una estereotipación, de manera que se vinculan elementos como la bandera y o el himno oficiales con la derecha política y se atribuye un rechazo a esos símbolos por parte de la izquierda política incluso después de la Transición.

La victoria de la selección española en el Mundial de Fútbol de Sudáfrica en 2010, provocó que españoles de ideologías enfrentadas y de diferentes posiciones sociales se desprendieran del complejo de lucir la bandera rojigualda. Pero tras esta excitación unánime, ese orgullo de ser español decae ante la actual crisis económica que deja al 20% de la población en el paro. Candalija entiende, aunque no comparte, que “el discurso de la derecha apele a los referentes tradicionales de la patria como una forma de atraer a una población que se siente amenazada”. Es este mismo discurso “casposo y apocalíptico del PP” el que Mercedes Carbayo-Abengozar critica porque considera que “está haciendo mella en algunos sectores, sobre todo porque cuando las cosas nos van mal es más fácil encontrar culpables directos que pararse a entender complejidades”. La hispanista no culpla a la crisis sino a “la utilización partidista de la misma por los mismos sectores que apoyan tanto al Ejército en un desfile cultural como a la Iglesia en todos los saraos”.

La pérdida de soberanía económica de España – y otros estados europeos – en la búsqueda de la sostenibilidad financiera suscita otra pregunta: ¿podría estar España sufriendo una especie de colonización? Juan Carlos Monedero apunta que “lo que está decidiendo la UE no es una cesión de soberanía de un país a otro sino que forma parte de esa cesión continuada de soberanía que se está entregando a los “mercados”, es decir, a una nueva élite que hace nuestras sociedades formalmente democráticas y políticamente cercanas a la exclusión propia de regímenes fascistas”. Continúa Monedero que “la soberanía no se pierde cuando Europa construye una política compartida, sino cuando se perdió la capacidad ciudadana de definir la marcha política de las sociedades” continúa Monedero ya que, dentro del actual contexto de crisis lo cultural pierde frente a lo económico reforzando la idea de que “el capital hace tiempo que no tiene patria”.

Es esta patria, construida al hilo de la Guerra de Independencia y de los aires de modernidad que soplaron en España durante el siglo XIX, la que está cambiando en el XXI adquiriendo un carácter más participativo e integrador, donde la hispanidad es la suma del intercambio económico, político y social recíproco entre España, América Latina y el resto de las antiguas colonias españolas.