Mala suerte o falta de talento

October 23rd, 2011

La belleza. La lágrima y el llanto en un segundo. La risa lo pisa, se solapa y el corazón da un vuelco, hace el pino puente. Se agarra fuerte. Se hincha y deshincha con gran facilidad.

Mientras las emociones hacen su papel, los ojos observan. El cerebro hace una ficción de una supuesta producción hecha por otros. No yo. Ladrillos, cables, cintas adhesivas. DIY.

Un animal extraño que muta. Es líquido. Forma informe. Muta. Corretea y juguetea. Es uno. Está solo. Son dos. Un parto: una princesa y un héroe galácticos. El imperio jamás podrá estar a salvo.

Un señor encahquetado de lana. Un juego de punto. El bailarín espigado. Ido, espídico. Líneas rectas. Arlequino en la comedia dellarte.

“Yo soy tu padre” piensa. “Con mi mano controlo a todos los seres del mundo. Nací en un rancho de Wisconsin”. Reguetoneo. Meneo. Val del Omar. Ah! no, Don Omar.

Choque, choque, choque.

 

*escritura automática inspirada en la pieza “Mala suerte o falta de talento” de la Cía Mopa, estrenada el viernes 21 de octubre en el Teatro Central de Sevilla. Un espectáculo lleno de referencias. ¿Cómo consumimos, producimos y distribuimos?

Creación e interpretación: Raquel Luque (ukelele), Eloisa Cantón (bajo), Roberto Martínez (teclado) y Juan Luis Matilla (concertina y melódica). Dirección: Francisco Torres. Iluminación, sonido y asesor musical: Benito Jiménez. Dirección musical: Eloisa Cantón. Vestuario y escenografía: Roberto Martínez. Realización de vestuario: Andrés González. Producción: María Gil Cantos y Miguel López. Comunicación y prensa: Olga Beca. Diseño Gráfico y Edición de Vídeo: Daniel Alonso. Fotografía y Vídeo: Gonzalo Posada. Raquetas y pluma: Pablo Pujol. Jersey: Estrella Martínez-Losa Distribución: Miguel López.

Octubre, el mes de las magdalenas

October 17th, 2011

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Siento predilección por las películas sobre comida o en las que ésta es el leitmotiv de las historias como en “Un toque de canela”,El banquete de Babette“,  “Chocolat” o “Cuscús“, pero esto daría para otro post. Estos días me he sentido un poco como los protagonistas de esta películas, conocedores del lenguaje del mimo en la cocina. Disfrutar en cada mezcla: la harina, el huevo, el azúcar… sí, feliz con el proceso tanto como cuando ves a un amigo deleitarse con lo que has cocinado con tanto mimo.

Este post no es una receta, si no mi aventura como repostera. Son magdalenas atemporales, todo el que las come suma unos gramos de felicidad.

¿Cómo empieza todo?

Hacía meses que había comprado moldes de colores para hacer magdalenas, también una jeringuilla-manga pastelera y llevaban meses en uno de los muebles de la cocina. Ya he contado que los postres no son lo mío. El cumpleaños de Lydia se acercaba y quería sorprenderla. ¿Cocinando una tarta? Ni de coña. “Voy a probar a usar esos moldes y a hacer magdalenas que pueda tunear”.

Pero antes tenía que probar para que el día del cumpleaños fueran magdalenas esponjosas, deliciosas y apetecibles.

Primera fase. ¿Cómo hago el bizcocho? Busco varias recetas y al final, la que más me convence es esta con leche de coco. Voy al supermercado urgentemente y no la encuentro, pero no renuncio a hacerla. En el momento decisivo, batiendo la masa, sin pensarlo dos veces vuelco un yogurt de limón. ¿Aparece en la receta? No, pero malo no puede estar si las cantidades del resto de cosas, las he tanteado bien, porque no las he medido ni pesado. Cojo un vaso de propaganda de Bailys que me sirva de medida. Funciona.

La segunda fase. El horno. 170/180 º. Los moldes rellenos. 20/25 minutos y a esperar. El olor a bizcocho corría por la casa y yo como un cría frente al horno viendo la evolución. Primera conclusión, hoy quiero hacer magdalenas y no muffins americanas grandotas y cabezonas, por lo que hay que poner menos masa en los moldes. Sí, cabezonas pero olían genial.

Mis primeras magdalenas

Tercera fase. El topping, frosting o lo que es lo mismo, la cremita para cubrir mis magdalenas. Seguí esta receta a base de mantequilla y philadelphia que lo usé light. Como no tenía azúcar glass, le pego con azúcar normal. La crema quedó algo líquida y levemente grumosa por el azúcar. Daba igual, sabía bien, así que me atreví a fundir un poco de chocolate y mezclarlo.

Cuarta fase. Invité a algunos amigos para que las probaran y me dieran su opinión. Como siempre, ellos encantados y yo analizando el resultado.

Al fondo, el frosting líquido

Vale, había descubierto que era capaz de hacer magdalenas y atreverme a decorarlas. A por el segundo paso: la perfección. Pilar cumple años y vamos a su casa a celebrar una barbacoa fin de verano. Es sábado y me levanto a las 10 para prepararle el postre. Vuelvo a usar las mismas recetas, esta vez sin yogurt de limón, con azúcar glass y con más queso Philadelphia para que quede más espesa la crema. La perfección se consigue poco a poco así que me compré un cuchara para servir helados que es la medida perfecta para rellenar los moldes.

Ese día hice cuatro hornadas de 12 bizcochitos cada una. Mejoré mi técnica haciendo la mitad con pepitas de chocolate que añadí a la misma masa. Además, mejoré la decoración con crema con aroma de vainilla y chocolate, flores de violeta, canela, chocholate y ramitas de vainilla.

Segunda prueba: las magdalenas de Pilar

¿Cómo llevé 24 magdalenas a la sierra de Madrid? En autobus y en una caja de Adidas nunca usada una vez estrenadas las zapatillas y forrada de papel film.

Y llegó el día: el cumpleaños de Lydia. Días antes fui haciendo acopio de detalles que aportarían a las magdalenas. Mi reto: incrementar los sabores. Ya no me bastaban el chocolate y la crema avainillada. Piña colada, caramelo, azahar y lavanda eran la apuesta.

Hice una primera masa con un aroma a vainilla, a una parte le añadí pepitas de chocolate. Las horneé y quedaron perfectas. Mientras, seguí el truco de mi amiga Begoña para hacer una nueva masa con aroma a lavanda: calentar un vaso de leche y añadirle unas flores de lavanda, dejarlo reposar una hora y añadir a la nueva masa. Brutal el efecto de sabor.

Dando color a las magdalenas

En esta ocasión usé por primera vez el colorante, por supuesto sin seguir las recomendaciones para mezclarlos a mi eso los colores primarios y secundarios como que no.

Los frosting de piña colada y caramelo no son otra cosa que azúcar glass aromatizada, como el azúcar avainillado. Esos los compré. El que llevaban las magdalenas de lavanda era de azahar, un aroma líquido también muy recurrente en repostería. Y a decorar con brío.

Este fue mi regalo para Lydia:

Octubre ha sido el mes de las magdalenas atemporales. Ayer hice otra variación en la crema, le añadí aroma de limón y estaban deliciosas. Hoy mismo, la última prueba: bocaditos de bizcocho con trocitos de manzana y pepitas de chocolate.

 

 

 

 

 

 

 

 

Con algo de menos miedo en la repostería seguiremos aprendiendo. Poco a poco. Ya me he hecho con una manga pastelera y varias herramientas más y tengo un mueble lleno de ingredientes para postres, todo un reto.

ACTUALIZACIÓN:

A raíz de mi tuit diciendo que había escrito este post, María Castelló me recuerda “La Magdalena de Proust”:

« […] En cuanto reconocí el sabor del pedazo de magdalena mojado en tila que mi tía me daba (aunque todavía no había descubierto y tardaría mucho en averiguar el por qué ese recuerdo me daba tanta dicha), la vieja casa gris con fachada a la calle, donde estaba su cuarto, vino como una decoración de teatro a ajustarse al pabelloncito del jardín que detrás de la fábrica principal se había construido para mis padres, y en donde estaba ese truncado lienzo de casa que yo únicamente recordaba hasta entonces; y con la casa vino el pueblo, desde la hora matinal hasta la vespertina y en todo tiempo, la plaza, adonde me mandaban antes de almorzar, y las calles por donde iba a hacer recados, y los caminos que seguíamos cuando hacía buen tiempo. Y como ese entretenimiento de los japoneses que meten en un cacharro de porcelana pedacitos de papel, al parecer, informes, que en cuanto se mojan empiezan a estirarse, a tomar forma, a colorearse y a distinguirse, convirtiéndose en flores, en casas, en personajes consistentes y cognoscibles, así ahora todas las flores de nuestro jardín y las del parque del señor Swann y las ninfeas del Vivonne y las buenas gentes del pueblo y sus viviendas chiquitas y la iglesia y Combray entero y sus alrededores, todo eso, pueblo y jardines, que va tomando forma y consistencia, sale de mi taza de té […]»

(Marcel Proust, En busca del tiempo perdido: Por el camino de Swann)

El sentido de lo español en el siglo XXI

October 10th, 2011
Imagen: Assamblages de Alma Larroca

Imagen: Assamblages de Alma Larroca

 

Ya tengo en mis manos el número de octubre de la revista Madriz. Es la segunda vez que colaboro con ellos haciendo el reportaje central. En esta ocasión la idea era analizar el sentido de lo español, de la celebración marcial y religiosa del 12 de octubre. [Leer artículo completo | Descarga el PDF].

El arte lo pone Alma Larroca con este fantástico Assamblages. Muchas gracias.

 

Imagen: Assamblages de Alma Larroca

Imagen: Assamblages de Alma Larroca

Un sueño loco

October 2nd, 2011

No conozco Copenague como tampoco sabía nada sobre una tal restaurante Noma, ni sobre René Redzepi. De la cocina nórdica solo conocía, por supuesto, el salmón noruego, las albóndigas del Ikea y poco más. Una no es todo lo viajada que le gustaría. Hoy sé un poco más gracias a este reportaje que, en cierta forma, narra un sueño loco, aunque tal vez, no esteril.

El caviar, si tienes dinero, te lo puedes tomar en cualquier lugar del mundo y es el mismo, pero mis plantas y nuestros productos, elaborados cada estación por pequeños productores, solo se toman aquí. Quesos artesanales, gambas pescadas hace tres horas, carne de buey de Groenlandia. Somos exploradores gastronómicos. Uno de los mejores recuerdos que guardo de España es tomar un gazpacho muy frío en Andalucía un día de 40 grados. Fue increíble. Y no es lo mismo disfrutar un gazpacho en Sevilla, con el sol, los tomates y el aceite de Andalucía, que en Copenhague. La proximidad del producto es la esencia de nuestro restaurante. No hay aceite de oliva, ni tomates, ni jamón. Hay productos singulares e irrepetibles. Con los ojos cerrados debes saber que estás en Noma.

Historias de periodistas, 15M y redes

September 4th, 2011

Estaban construyendo InfoSol el día que quedé con Mónica Gárriga del media140. No tenía muy claro qué quería saber sobre el 15M que yo le pudiera contar que no lo hubiera publicado ya en Periodismo Humano y en mi blog. Estuvimos hablando sobre los medios, los periodistas y el uso de la tecnología por parte de unos y otros durante la cobertura de la acampadasol. En el video también Juanlu Sánchez y Pau Llop:

Han publicado este especial y cuál es mi sorpresa que me encuentro en él algunas cosas en las que algo he tenido que ver como la reseña al artículo que Silvia Nanclares escribe para Periodismo Humano bajo mi petición y a Paco González hablando sobre el @twittometro sobre el que publiqué en una de las crónicas de la acampadasol.