‘atemporales’ Category

Alejandra

January 2nd, 2012

“como cuando se abre una flor y refleja el corazón que no tiene”

 

Me acabo de acordar que en 2012 se cumplen 40 años de las muerte de Alejandra Pizarnik. En 1962 escribió el  Árbol de Diana, verdades de caerse y levantarse, una tras otra.

1
He dado el salto de mí al alba.
He dejado mi cuerpo junto a la luz
y he cantado la tristeza de lo que nace.

2
Estas son las versiones que nos propone:
un agujero, una pared que tiembla…

3
sólo la sed
el silencio
ningún encuentro
cuídate de mí amor mío
cuídate de la silenciosa en el desierto
de la viajera con el vaso vacío
y de la sombra de su sombra

4
Ahora bien:
Quién dejará de hundir su mano en busca
del tributo para la pequeña olvidada. El frío
pagará. Pagará el viento. La lluvia pagará.
Pagará el trueno.

5
por un minuto de vida breve
única de ojos abiertos
por un minuto de ver
en el cerebro flores pequeñas
danzando como palabras en la boca de un mudo

6
ella se desnuda en el paraíso
de su memoria
ella desconoce el feroz destino
de sus visiones
ella tiene miedo de no saber nombrar
lo que no existe

7
Salta con la camisa en llamas
de estrella a estrella,
de sombra en sombra.
Muere de muerte lejana
la que ama al viento.

8
Memoria iluminada, galería donde vaga
la sombra de lo que espero. No es verdad
que vendrá. No es verdad que no vendrá.

9
A Aurora y Julio Cortázar

Estos huesos brillando en la noche,
estas palabras como piedras preciosas
en la garganta viva de un pájaro petrificado,
este verde muy amado,
este lila caliente,
este corazón sólo misterioso.

10
un viento débil
lleno de rostros doblados
que recorto en forma de objetos que amar

11
ahora
en esta hora inocente
yo y la que fui nos sentamos
en el umbral de mi mirada

12
no más las dulces metamorfosis de una niñ3; de seda
sonámbula ahora en la cornisa de niebla

su despertar de mano respirando
de flor que se abre al viento

13
explicar con palabras de este mundo
que partió de mí un barco llevándome

14
El poema que no digo,
el que no merezco.
Miedo de ser dos
camino del espejo:
alguien en mí dormido
me come y me bebe.

15
Extraño desacostumbrarme
de la hora en que nací.
Extraño no ejercer más
oficio de recién llegada.

16
has construido tu casa
has emplumado tus pájaros
has golpeado al viento
con tus propios huesos
has terminado sola
lo que nadie comenzó

17
Días en que una palabra lejana se apodera de mí. Voy por esos días
sonámbula y transparente. La hermosa autómata se canta, se encanta,
se cuenta casos y cosas: nido de hilos rígidos donde me danzo y me
lloro en mis numerosos funerales. (Ella es su espejo incendiado, su
espera en hogueras frías, su elemento místico, su fornicación de nom-
bres creciendo solos en la noche pálida.)

20
a Laure Bataillon

dice que no sabe del miedo de la muerte del amor
dice que tiene miedo de la muerte del amor
dice que el amor es muerte es miedo
dice que la muerte es miedo es amor
dice que no sabe

21
he nacido tanto
y doblemente sufrido
en la memoria de aquí y de allá

22
en la noche
un espejo para la pequeña muerta
un espejo de cenizas

23
una mirada desde la alcantarilla
puede ser una visión del mundo
la rebelión consiste en mirar una rosa
hasta pulverizarse los ojos

32
Zona de plagas donde la dormida come lentamente
su corazón de medianoche.

33
alguna vez
alguna vez tal vez
me iré sin quedarme
me iré como quien se va

34
la pequeña viajera
moría explicando su muerte

sabios animales nostálgicos
visitaban su cuerpo caliente

35
a Ester Singer

Vida, mi vida, déjate caer, déjate doler, mi vida, déjate enlazar de fuego,
de silencio ingenuo, de piedras verdes en la casa de la noche,
déjate caer y doler, mi vida.

37
más allá de cualquier zona prohibida
hay un espejo para nuestra triste transparencia

38
Este canto arrepentido, vigía detrás de mis poemas’
este canto me desmiente, me amordaza.

Como un libro en una estantería

November 16th, 2011

Introducing #bookcamping from bookcamping on Vimeo.

Hoy voy a tirar de emociones y sentimientos. No. Mejor voy a intentar escribir de una forma clara y concisa. No mejor desde las entrañas. Un desahogo, un grito. Tal vez el susurro en el oído mientras doy un abrazo. Y sonrío. Y desvarío. Desvariamos.

Tal vez no tendría que hablar así del trabajo. Pero como no cobro, no es trabajo. ¿Y la de horas que invierto?. Invertimos. Hoy he escrito: “el proyecto nos come por los pies”.  Nos domina. Y en un pulso de pulgares ya sabemos quién gana. No es gula, es hambre. Tal vez no tendría que hablar así del trabajo, pero… no importa entonces cómo me siento con un segundo parto. El primero fue cesárea. El segundo es adoptado, pero el esfuerzo es como el del parto,  y yo contribuyo en su educación. No desmerezco los dolores de la que portó la criatura en el vientre y que generosa permite que lo eduquemos.

Y me siento como un libro de una de esas estanterías. Útil. Una pieza en el engranaje. Suficiente.

Estáis invitados a llenar y vaciar esta librería. #bookcamping es una biblioteca online donde poder subir, descargar y reseñar libros. Hay algunas reglas, pero pocas.

#bookcamping es una isla de conocimiento aportado por mucha gente: los que han escrito, los que leen, los que comparten…

#bookcamping tiene un equipo detrás que no conoce la palabra “no”. Aquí todo es posible. Todos llevamos alas.

El origen de #bookcamping está en las plazas y de ahí a la nube. Es proyecto ahora, pero antes fue impulso cargado de la energía de Sol. “¿Y tú, qué libro te llevarías a tu plaza?” se lanzaba en twitter por aquel mayo. Un hashtag #bookcamping. Después un dominio con .cc y una librería multicolor. Un libro cerrado que después fue abierto. Un mapa y un mundo propio que se reúne para hablar. “Serecillos molongos” reza por alguna esquina.

Y gota a gota buscamos construir esta biblioteca en la que se está trabajando para que cualquiera se la pueda llevar a su comunidad porque también el código es abierto, por si te apetece tener una en tu cole, en tu centro vecinal, en su asamblea…

Así que con todas emociones a flor de piel, estamos en plena campaña de cofinanciación hasta el 12 de diciembre buscando no sólo dinero, también colaboradoras, betatester, programadoras y materiales varios.

 

Octubre, el mes de las magdalenas

October 17th, 2011

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Siento predilección por las películas sobre comida o en las que ésta es el leitmotiv de las historias como en “Un toque de canela”,El banquete de Babette“,  “Chocolat” o “Cuscús“, pero esto daría para otro post. Estos días me he sentido un poco como los protagonistas de esta películas, conocedores del lenguaje del mimo en la cocina. Disfrutar en cada mezcla: la harina, el huevo, el azúcar… sí, feliz con el proceso tanto como cuando ves a un amigo deleitarse con lo que has cocinado con tanto mimo.

Este post no es una receta, si no mi aventura como repostera. Son magdalenas atemporales, todo el que las come suma unos gramos de felicidad.

¿Cómo empieza todo?

Hacía meses que había comprado moldes de colores para hacer magdalenas, también una jeringuilla-manga pastelera y llevaban meses en uno de los muebles de la cocina. Ya he contado que los postres no son lo mío. El cumpleaños de Lydia se acercaba y quería sorprenderla. ¿Cocinando una tarta? Ni de coña. “Voy a probar a usar esos moldes y a hacer magdalenas que pueda tunear”.

Pero antes tenía que probar para que el día del cumpleaños fueran magdalenas esponjosas, deliciosas y apetecibles.

Primera fase. ¿Cómo hago el bizcocho? Busco varias recetas y al final, la que más me convence es esta con leche de coco. Voy al supermercado urgentemente y no la encuentro, pero no renuncio a hacerla. En el momento decisivo, batiendo la masa, sin pensarlo dos veces vuelco un yogurt de limón. ¿Aparece en la receta? No, pero malo no puede estar si las cantidades del resto de cosas, las he tanteado bien, porque no las he medido ni pesado. Cojo un vaso de propaganda de Bailys que me sirva de medida. Funciona.

La segunda fase. El horno. 170/180 º. Los moldes rellenos. 20/25 minutos y a esperar. El olor a bizcocho corría por la casa y yo como un cría frente al horno viendo la evolución. Primera conclusión, hoy quiero hacer magdalenas y no muffins americanas grandotas y cabezonas, por lo que hay que poner menos masa en los moldes. Sí, cabezonas pero olían genial.

Mis primeras magdalenas

Tercera fase. El topping, frosting o lo que es lo mismo, la cremita para cubrir mis magdalenas. Seguí esta receta a base de mantequilla y philadelphia que lo usé light. Como no tenía azúcar glass, le pego con azúcar normal. La crema quedó algo líquida y levemente grumosa por el azúcar. Daba igual, sabía bien, así que me atreví a fundir un poco de chocolate y mezclarlo.

Cuarta fase. Invité a algunos amigos para que las probaran y me dieran su opinión. Como siempre, ellos encantados y yo analizando el resultado.

Al fondo, el frosting líquido

Vale, había descubierto que era capaz de hacer magdalenas y atreverme a decorarlas. A por el segundo paso: la perfección. Pilar cumple años y vamos a su casa a celebrar una barbacoa fin de verano. Es sábado y me levanto a las 10 para prepararle el postre. Vuelvo a usar las mismas recetas, esta vez sin yogurt de limón, con azúcar glass y con más queso Philadelphia para que quede más espesa la crema. La perfección se consigue poco a poco así que me compré un cuchara para servir helados que es la medida perfecta para rellenar los moldes.

Ese día hice cuatro hornadas de 12 bizcochitos cada una. Mejoré mi técnica haciendo la mitad con pepitas de chocolate que añadí a la misma masa. Además, mejoré la decoración con crema con aroma de vainilla y chocolate, flores de violeta, canela, chocholate y ramitas de vainilla.

Segunda prueba: las magdalenas de Pilar

¿Cómo llevé 24 magdalenas a la sierra de Madrid? En autobus y en una caja de Adidas nunca usada una vez estrenadas las zapatillas y forrada de papel film.

Y llegó el día: el cumpleaños de Lydia. Días antes fui haciendo acopio de detalles que aportarían a las magdalenas. Mi reto: incrementar los sabores. Ya no me bastaban el chocolate y la crema avainillada. Piña colada, caramelo, azahar y lavanda eran la apuesta.

Hice una primera masa con un aroma a vainilla, a una parte le añadí pepitas de chocolate. Las horneé y quedaron perfectas. Mientras, seguí el truco de mi amiga Begoña para hacer una nueva masa con aroma a lavanda: calentar un vaso de leche y añadirle unas flores de lavanda, dejarlo reposar una hora y añadir a la nueva masa. Brutal el efecto de sabor.

Dando color a las magdalenas

En esta ocasión usé por primera vez el colorante, por supuesto sin seguir las recomendaciones para mezclarlos a mi eso los colores primarios y secundarios como que no.

Los frosting de piña colada y caramelo no son otra cosa que azúcar glass aromatizada, como el azúcar avainillado. Esos los compré. El que llevaban las magdalenas de lavanda era de azahar, un aroma líquido también muy recurrente en repostería. Y a decorar con brío.

Este fue mi regalo para Lydia:

Octubre ha sido el mes de las magdalenas atemporales. Ayer hice otra variación en la crema, le añadí aroma de limón y estaban deliciosas. Hoy mismo, la última prueba: bocaditos de bizcocho con trocitos de manzana y pepitas de chocolate.

 

 

 

 

 

 

 

 

Con algo de menos miedo en la repostería seguiremos aprendiendo. Poco a poco. Ya me he hecho con una manga pastelera y varias herramientas más y tengo un mueble lleno de ingredientes para postres, todo un reto.

ACTUALIZACIÓN:

A raíz de mi tuit diciendo que había escrito este post, María Castelló me recuerda “La Magdalena de Proust”:

« […] En cuanto reconocí el sabor del pedazo de magdalena mojado en tila que mi tía me daba (aunque todavía no había descubierto y tardaría mucho en averiguar el por qué ese recuerdo me daba tanta dicha), la vieja casa gris con fachada a la calle, donde estaba su cuarto, vino como una decoración de teatro a ajustarse al pabelloncito del jardín que detrás de la fábrica principal se había construido para mis padres, y en donde estaba ese truncado lienzo de casa que yo únicamente recordaba hasta entonces; y con la casa vino el pueblo, desde la hora matinal hasta la vespertina y en todo tiempo, la plaza, adonde me mandaban antes de almorzar, y las calles por donde iba a hacer recados, y los caminos que seguíamos cuando hacía buen tiempo. Y como ese entretenimiento de los japoneses que meten en un cacharro de porcelana pedacitos de papel, al parecer, informes, que en cuanto se mojan empiezan a estirarse, a tomar forma, a colorearse y a distinguirse, convirtiéndose en flores, en casas, en personajes consistentes y cognoscibles, así ahora todas las flores de nuestro jardín y las del parque del señor Swann y las ninfeas del Vivonne y las buenas gentes del pueblo y sus viviendas chiquitas y la iglesia y Combray entero y sus alrededores, todo eso, pueblo y jardines, que va tomando forma y consistencia, sale de mi taza de té […]»

(Marcel Proust, En busca del tiempo perdido: Por el camino de Swann)

Cumpliendo estaciones

July 7th, 2011

- o incumpliendo promesas mejores-

Érase una vez una ciudad francesa en la que habitó un ser en construcción. Abrió los ojos para contemplar cómo las estaciones pasaban a través del gran ventanal de su habitación. A la vuelta, en junio de 2006, así lo narré:

Se encontró entre caminos de asfalto y
césped recién cortado.
Halló, con el pasar de los meses,
las estaciones del año,
que se cumplían como mandamientos
escritos en piedra.
El rojo, nunca fue tan rojo como en aquellos días;
los árboles eran esculpidos de un barro acabado de cocer,
rojo
más amarillo,
al final, su naranja.
Primarios que sumados tenían sus secundarios.
El único momento, en el que lo impuro,
no dejó de ser bello.
Y como en un cine de verano,
veía caer el tiempo,
mientras nos hablábamos de tú.
Y cubriste de estrellas artificiales su cielo negro.
La mano del hombre,
el camerama n, jugaba congelando copos en tu desván.
Congelaste mis tobillos mientras divisaba en mi mente,
muy a lo lejos, uno entre un millón,
el buscado monte con sombrero blanco.
Te pillé. A lo lejos. Te pillé.
Un viaje de ida y vuelta.
Un hoy y un mañana y un pasado mañana.
Un ahora o nunca.
Y mientras me gustaba pensar que yo era tu sombrero
de paseo en las mañanas de domingo.
Y repican las campanas en la diócesis.
Y caigo en un letargo profundo,
pasearemos cuando te hayas cansado de ofrecerme
ausencia,
cuando el aire me huela a otra cosa que no sea a frío,
cuando olvide mi complejo de cebolla, y cuando me muestres qué eres.
Mientras, perdóname, pero añoro tempranamente
los árboles carmesí.
Te odio.
Melodrama de pequeño estudio
con bajo presupuesto.
Y por sombrero no más que un rojo gorro de lana.
Me pierdo entre la noche y el día.
Siempre madrugadas,
sin mañanas.
Bucles de tempo.
Y sucumbo al encanto de tu colchón verde,
los primeros amarillos sin mezclar.
Un óleo puro.
Republicana en tu tierra burguesa,
de grandes reyes y emperadores.
Como regalo: tulipanes asiáticos.
Y de nuevo, el ronroneo de los gatos cortejándose.
Y un nuevo aire. Una brisa.
La cebolla siempre en ensalada.
Reinventaste tu tiempo
y tus habitantes son sombras que tocan el violín
en la tercera planta.
Flamenco en la quinta, al son de agua sucia
-grandes dosis de suavizante, un único programa de lavado a máquinadurante
20 minutos.
Repique de palmas.
Batucada mental.
Y soy capaz de perderme entre la pelusa blanca,
y entre el gentío mudo.
Y entre los caminos de asfalto
-sin baldosas amarillasy
el césped recién cortado diariamente.
Y las estaciones del año se cumplían como mandamientos
escritos en piedra.

 

Soy yo

July 5th, 2011

Midnight wish de Adara Sánchez

Me escrutó con la mirada,
fijamente,
sin pudor.
Le dio igual violentarme,
hacer como que no me conocía.
Quiso hacerme temblar cuando
preguntó: “quién eres?”

Me sonrojé e incluso titubeé mi nombre.
Pensé “con qué derecho…”
Mientras se frotaba las manos y esperaba
algo más que mi nombre.
Volvió a preguntar: “quién eres?”

Respiré hondo y dije en voz alta:  “soy yo”.