La poste
February 16th, 2012Pieza escrita e interpretada para el programa nº 87: Postales desde el viaje de ¿Quieres hacer el favor de leer esto, por favor? de septiembre de 2011.
Resumen de las ciudades y experiencias compartidas con buenas gentes entre junio y septiembre del pasado año. Lugares bellos para descansar y reir. Para practicar el hedonismo. En el frío invierno rindo homenaje a los días de verano.
Querida A:
Ya sabes que siempre quise dar la vuelta al mundo, pero ahora no es el momento. Toca vivir con una pasmosa precariedad burguesa. En otra vida, tal vez, pueda pasar infinitos días en Bora Bora o en una de esas pequeñas islas lejanas que seguro todavía están por descubrir. De mayor quiero ser descubridora de nuevas tierras, podré ser capitana de un galeón, réplica del siglo XVII, de los que surcaban los mares desde Huelva, Cádiz o Sevilla hacia la tierra del sol naciente en busca de sedas.
Me fui de Madrid huyendo del sol que achicharraba las ideas, buscando la caricia de otro sol que me calentase los huesos y los músculos. Tengo la piel tersa tras un baño de salitre. Y diariamente duermo la siesta con la cabeza escorzada sobre el gran pañuelo morado que compré en Tarifa.
El placer de la buena compañía, de encontrar amigos en Melenara. Que vengan desde el Teide a compartir un verdejo. Mudarte con ellos a Playa Quemada. Pasear por la mismas calles que lo hicieron en su tiempo las cobijas de Vejer. Hablar de coñegos mientras la cerveza reposa en la salmuera. O ayudar a Noé a construir un arca.
Querido B:
Hoy mi sur está aún más al sur. Mis ojos están viendo paisajes insólitos creados por la brutalidad de la naturaleza. Un día el volcán de La Corona, al norte de la pequeña isla, se levantó con la peluca virada y empezó a lanzar esputos de lava. Cuánto sufrimiento crearía. Sin su capricho de explotar, no podría contemplar la belleza de sus parajes de roca negra, olas que se levantan y requiebran, esculpidas por un longevo viento.
La luna del coche es un gran caledoscopio. Cómo es posible pasar de la roca azabache y violenta a playas salpicadas de cometas en el cielo, a un parque de tierra rojiza, vigilado por un demonio pizpireto. Pasar al mundo de la Ruppia Maritima que colorea de verde esmeralda el cráter de un volcán, o los campos de la malvasía con la que he regado mis comidas. Fruta madura al calor de una tierra caledoscópica.
Y pienso en la idea de que un cangrejo ciego, albino, diminuto le haga la competencia al monstruo del Lago Ness.
Querida C:
Me han invitado a observar por la mirilla de una cerradura la vida de los otros. Dicen que en algún momento me darán un papel protagonista o tal vez de coprotagonista. Quiero escuchar historias de mercaderes marinos o de casonas de alemanes espías amigos de Hitler. Una gran prole con acento sureño, donde las chés caen rápido por la resbaleta de la lengua.
Como regalo futuro, un gran cerdo rotulado con cientos de palabras esdrújulas. Aquí todo es a lo grande: comemos 15 kilos de costillas saladas con mazorcas de maíz; mojo rojo y verde. De postre tuno y Polos Antoñito que pintan los labios de color carmesí. Los volcanes quedan en segundo plano ante playas de kilómetros coronadas por dunas de arena rubia y sedosa. La mar cada noche se va de parranda y amanece resacosa y hermosa, como la bambola.
Los otros finalmente me prestan su vida y yo me siento agradecida.
Querido D:
El otro siglo le escribí a C contándole de la belleza de las dunas de las islas de aventuras fuertes. Y hoy la suela de mis pies pisan las arenas que ya pisé en los veranos primigenios y mis ojos la ven de lejos. No recordaba su belleza, tierra de romanos, de piratas mauritanos y germanos. Eras centro y ahora, lentiscal en una ensenada que sigue mirando hacia el norte de África.
El levante me da tregua y sobre la cima de tu loma asaltada por pinos llenos de vida y olor, veo la metamorfosis de Lorenzo en Catalina. Dos bombillas en mi cielo. Mi sur está en mi sur. Gazpacho y atún. La almadraba. Y miles de #meacuerdos.
Bordeamos La Barca. Esta vez no hubo lomo en manteca. Pero compré, sin dinero, calles empinadas y encaladas. “Las Cobijas un relámpago de Al-Andalus en el tiempo” escribió Quiñones. Y bajando: Trafalgar sin batalla.
He tenido unos siglos en los que los gatos han estado muy presente. En otro sur, esta vez en el origen de mis abuelos maternos, he paseado por el lomo de una gata. Recovecos con guías desnudos y recovecos sin guías, desnuda. Mis pies, sin cangrejeras sobre rocas y sombras temerarias bajo el mar.
Si me pongo gafas y él me lleva de la mano, he descubierto que soy capaz de bucear y ver que las sombras temerarias no son más que comunidades de algas. El corazón se acelera, soy capaz de ficcionar en el mar. Otra metamorfosis, esta vez mía.
Aquí también hubo bucaneros. Tal vez, buceando pueda encontrar algunas monedas de oro. Y descanso al sol, llena de salitre. Y mientras leo historias a la boloñesa. Pienso, otra vez tierra volcánica. No fumo, pero espero a Laurence de Arabia. Un botijo en el maletero. Y un viaje con Clint serpenteando el desierto.
Querida A:
No tengo pasta para recorrer el mundo. Sin embargo, parece que el mundo sí tenía dinero para recorrerme.
Aún tengo pendiente Bora Bora.
Espero noticias tuyas muy pronto. Ya me contarás qué tal en Le Pays de Nulle Part.












