La magia del consuelo de los desconocidos
He rescatado del armario el abrigo que me puse el pasado viernes, hace justo una semana. He notado en el bolsillo el mechero que olvidé y un par de clínex -una guarra costumbre que tengo, no soy perfecta-. He salido de casa hacia la oficina y el nuevo frente de frío y viento me ha hecho meter las dos manos en los bolsillos y he tocado una pequeña piedra y he recordado la mágia de aquel viernes.
Ellos compartían su amor con el nuestro. Las sidras, las cervezas, los bígaros y una maravillosa temperatura en Gijón nos ayudaron a decirle adios a un mes de febrero que ya estaba dando coletazos. Cayó la tarde y la noche arrecía, nosotros continuábamos borrachos de amor, risas y alcohol hacia una vida alegre, un rincón para conspirar y seguir soñando. La calle comercial se preparaba para dormitar, las últimas compras, los restos de una merienda de amigas con bisón y mucha laca en el pelo. Suena la b.s.o. de Pipilastru y al fondo de la calle un señor de trenca azul se aleja bailando del flautista callejero que toca. En un segundo, tal vez dos, soy esa niña que bailaba delante de la tele y salgo corriendo en busca del señor de la trenca, aún tenemos tiempo.
-Agárrame fuerte y vamos hacia ellos -, dice.
Río, bailo. Río, río y río. Mientras sigo bailando.
- No mires a nadie. Sigue bailando-, añade.
Bailo. Damos vueltas. No consigo verme delante del televisor. Estoy delante del televisor . Bailo y río.
- ¿Me conoces?- me pregunta con la respiración entrecortada mientras seguimos bailando.
- No-, digo
Más risas . Danzamos ante el flautista y sus perros, quien se acerca y nos da una cuentas de colores. Sigue tocando y nosotros bailando.
Paramos con un fuerte abrazo, como si nos hubieramos echado de menos. Y me dice ” Hoy has conseguido que me olvide de la mala racha que llevo”. Sonrío. Sonrío. Mientras habla juego con la cuenta verde entre mis dedos. “Por muy mal que nos vaya hay que luchar”. Nos abrazamos y nuevamente la magia del consuelo de los desconocidos. Nos despedimos con la sensación del zarandeo. Gracias.
Cuando me giré el amor seguía ahí, abrazados unos y mirándome él porque también había sido zarandeado. Retomamos el camino hacia una vida alegre, un rincón para conspirar y seguir soñando.
- Voy a por tabaco- dije-. Busqué al flautista y me senté un rato con él, la chica que lo acompañaba y sus cuatro perros . Le di las gracias, compartimos conversación y una caladas a un cigarrillo. La pipa de la paz.
Hasta hoy, al encontrarme en el bolsillo la cuenta no me había recordado todo esto. #meacuerdo
5 marzo 2010



