Precaución, amigo peatón
October 21st, 2009 | Published in atemporales, historias | 20 Comments
Estoy aprendiendo a conducir. El primer día me acerqué al coche y las manos me sudaban. “Estas son las llaves, este es el freno de mano, la calefacción, parabrisas. Más rápido, más lento. Luces”. Mientras Paco me explica para qué sirven todos los botoncitos, palancas y luces varias, yo lo único que hago es temer el momento de arrancar el coche. “Marchas. Punto muerto, izquierda y hacia arriba. Primera. Hacia abajo, segunda. Tercera, pasas por el punto muerto hacia arriba a la derecha. Hacia abajo, cuarta. Quinta. Punto muerto, derecha y hacia arriba. ¿Estás?”, “Sí” digo mientras intento memorizar todos los movimientos que Paco ha hecho con la palanca de cambio, no puede ser tan difícil. “Puedo hacerlo una vez más?” le digo y justo después él añade, “Arranca”.
Arranco, pero todavía Paco no me ha explicado por qué tenemos debajo del volante tres pedales y no dos, porque hasta el momento, que yo sepa, salimos del vientre materno con dos piernas -algunos tienen tres, pero son los que menos-. Desde ese momento hasta hoy la lucha libre entre las marchas, el embrague y yo han sido peores que las de Hulk Hogan, El Enterrador y Los Sacamantecas.
De los pasos de peatones no sé si quiero hablar porque directamente no existen, como tampoco existen las líneas contínuas, las señales o los espejos retrovisores. Y yo que me hice de letras en 4º de ESO para poder olvidarme las matemáticas y los problemas, no volver a ver un número más que en el ticket de la compra y ahora me descubro haciendo cálculos extraños para saber a qué distancia y velocidad está el coche que viene por detrás. “Si el coche A va a una velocidad de 80 kmt/h y el coche B va a 100 kmt/h, en qué momento de mierda se supone que puedo pasar al carril derecho cuando llevo cinco minutos con el intermitente puesto y me voy a comer a la furgoneta del frutero que está descargando los melones?” eh?
Las rotondas. Éstas son un campo de batalla. “Pisa un poco freno, reduce a segunda. Pisa el embrague, mete primera. Paro. Pasa. No. Espero. Paso. No. Espero. Paso. No. Espero. ¿Alguién podría poder un contador de cuántos coches he dejado pasar?” Vale, ahora paso. Pero no es tan fácil, mira por el retrovisor, mete segunda, no te salgas del carril, pon el intermitente en la segunda salida y todo esto sin comerme la estatua que hay en el centro de la rotonda que rinde homenaje a un minero asturiano. ” Vale, he salido de la rotonda. Sigo con vida. Pero no respires muy hondo”, pienso cuando veo que Paco se pone el cinturón de seguridad, ¿qué significa? Incorporación a la autovía. “Nooooo Paco, que soy incapaz de poner el coche a 120 mientras me estás diciendo “siiiin miiiieeeeedo, siiiin miiiiieeeedoo. Venga un poco más.” Vale, meto cuarta, acelero”. El coche zigzaguea entre el carril derecho y el izquierdo. Sé qué tengo que meter quinta, ¿cómo era? “Punto muerto, derecha y hacia arriba”. Lo vuelvo a repasar mentalemente “punto muerto, derecha y hacia arriba. Pero si lo repaso una vez más no pasa nada: punto muerto, derecha y hacia arriba. Ahora estoy preparada, piso embrague y escucho “veeennngaaa, siiin miiieeedoo”. Meto quinta y a 300 metros tengo una incorporación a la ciudad, así que yo voy pisando freno. “Noooo”. Piso acelerador. 100 metros. Ya estoy en el carril, reduce velocidad de 100 a 60 “ajam”, reduce marchas “jajajajaja, de quinta a cuarta, de cuarta a tercera, de tercera a segunda, atasco”. Paco me mira y me dice “¿de verdad crees que has cambiado la marcha?”. La tensión en esa curva de incorporación es tal, que parece ser que muevo la palanca de marchas como si estuviera batiendo mahonesa. “Desastre”.
“Vamos a aparcar”. Sigo a mi bola, pensando en el semáforo o alegrándome porque he conseguido esquivar a un peatón y me siento feliz porque hoy no será el último día que no vea a sus hijos. “Vamos a aparcar”. Ya me entero. “intermitente, más despacio. Hueco localizado y allá voy. Embrague. Volante a tope y marcha atrás. Marcha atrás. Pienso. Punto muerto, levanto la piel de la palanca, la tiro a la izquierda y hacia arriba”. Busco mi referencia a través de la ventanita pequeña. “Embrague. Freno, no. Despacio. Más despacio”. Mido: un cuarto. La rueda choca contra el bordillo y el coche se dispara. Freno, no, digo embrague. Enderezo con dos vueltas. Embrague. Meto primera. Salimos, de nuevo.
Mientras aprendo a controlar ese arma al que llaman coche, mientras intento no convertirme en asesina y a la vez no morir en el intento, escuchamos la Ser, hablamos del caso Gürtel, de la economía, del tontolabadeRajoy, de la corrupción, del trabajo, de bodas o de las hijas de Paco. A veces, los semáforos se ponen en verde y yo reacciono tarde para volver a ponerme en marcha, porque mi amigo David me cuenta todas las mañanas, lo que pasa en el mundo. Gracias.
Creo que mi dolor de cuello y espalda está más que justificado, no? Y hagánme un favor, si me ven en un coche, ponganse a cubierto.






October 21st, 2009at 1:57 pm(#)
Llegará el día en el que todos esos pequeños gestos serán mecánicos y mis jornadas laborales no empezarán con una Jessi contando entre aspavientos las incorporaciones a autovías y ese día Paco saldrá de nuestras vidas… Pacoooooooo
October 22nd, 2009at 12:37 am(#)
Qué grande, qué grande, qué grande!!!! xD Esto es un monólogo en toda regla! xD “Siiiiiin mieeeeeeeedo. Venga un poco más…” Pa entender eso, hay que haber dado clases con Paco. Me siento tan identificado! xD
October 22nd, 2009at 12:45 am(#)
Haber dado clases con Paco o tener 3 amigos se han sacado el carné con Paco. Si Paco supiese lo presente que está en mi vida sin conocernos…Viva Paco!
October 22nd, 2009at 12:47 am(#)
Lydia, creo que si algún día llego a quitármelo de encima… lo celebraremos tomándo unas sidras con Paco.
Y bueno, el veeengaaa, siiin miieedoo! hay que leerlos así alargados, si no, no lo estaría diciéndome Paco!
October 22nd, 2009at 1:00 am(#)
Te diré que al final de mi primera clase casi no podía ni andar, al bajarme del coche tenía agujetas en el culo y en los muslos por lo tensa que había estado los dos km que recorrí por un camino desierto a una velocidad media de 20 km/hora. Un desastre. Al día siguiente fue peor, no podía ni moverme, como si hubiera hecho 200km de spinning, qué dolor de piernas!!!Odié a mi profesor durante las dos primeras semanas, te prometo que me ponía mala solo de pensar que tenía que verle y que no me dejaba evolucionar en la conducción de forma natural, poco a poco. El cabrón de Antonio me enseñó a nadar tirandome en un pantano con ocho metros de profundidad, o nadas o te ahogas. Al final nadé, no me ahogué, aprendí a conducir y Antonio y yo nos hicimos íntimos! Ánimo, conducir es maravilloso.
October 22nd, 2009at 1:35 am(#)
Tranquila mi niña,yo aprobé a la primera ¡¡Y no sabía conducir!! pero ese día lo “bordé”así pues,FUÍ UN PELIGRO REAL con permiso legal durante bastante tiempo.
Nos íbamos un mes a Fuerteventura y como allí no conducía,a la vuelta ¡¡no me acordaba!!,prometido.
Mi anécdota de las prácticas es que cogí (verbo politicamente incorrecto que reivindico) la costumbre de hablarle a la palanca de cambios y similares…como suena:
“María,mete la primera mi niña” el coche no “salía”
“María ¡pon el freno de mano!”el coche se iba pa´trás en cuesta
Besitos,lechuga bonita
October 22nd, 2009at 1:50 am(#)
no se puede explicar de una manera mas clara lo q se siente durante una clase practica del temido carnet B. llevo 3 meses de carnet y aun a veces tengo q pararme a pensar…como se metía quinta???
pronto estaras rodando por esas calles de gijon, don’t worry rubia!!!
mil besosssssssssss
October 22nd, 2009at 1:50 am(#)
Masus, yo suelo hablarle al coche mentalmente
la mujer que susurraba a renault.
besos
October 22nd, 2009at 2:03 am(#)
Ay Jessi, leyendo este post me he acordado de lo muuuuucho que te echo de menos. Es genial y me he reído un montón. Creo que cualquiera que haya aprendido a conducir alguna vez se tiene que sentir identificado jajaja. A mí el profesor que me enseñó a conducir se llamaba Ausencio y hacía honor a su nombre porque únicamente se dedicaba a hacer la quiniela sentado en el asiento del copiloto, mientras yo hacía lo que podía con la palanca de cambios, el acelerador, el freno, el embrague y todos los avíos que tu explicas tan bien en el post. En fin, que muchas gracias por haberme hecho reir mucho con este post.
Un besito gordo
October 22nd, 2009at 2:11 am(#)
Ana, Lola
no sabeis lo que me stoy riéndo yo también mientras me contási todos vuestras experiencias al volante.
Pensé grabarme uno de mis monólogos disparatados con el personaje de la Ana Mari metío en el cuerpo, pero reculé
besotes! os echo de menos!
October 22nd, 2009at 2:39 am(#)
Jejejeje. Ahora súmale un volante con un cuarto de vuelta de holgura. Me explico: los primeros 90 grados a derecha o izquierda es como si no lo hubieses movido. El mío también se llamaba Paco.
October 22nd, 2009at 2:43 am(#)
José Vicente, aprendiste en Tarifa? no te meterían por la calle la luz, no? cuesta abajo con el empedrado, no?
October 22nd, 2009at 2:46 am(#)
jajajajaja, me encanta. Como dicen por ahí, un monólogo en toda regla y una verdad como un templo. Esa referencia al aparcar en cordón que, sin saber por qué, la cumples y, dos volantazos después, el coche está aparcado demasiado bien, jajaja. Increíble, aún aparco así
Un besote guapa, y síguenos contando cómo esquivas peatones, perdonavidas-motorizada. jijiji
October 22nd, 2009at 2:53 am(#)
jajajajajajajajajaja,
jajajajaja
jajajajajajajajaja
gracias por alegrarme la mañana……
jajajajajajajajajajaa
October 22nd, 2009at 2:57 am(#)
Felipe, esto me recuerda también a cómo aprendimos ambos a montar en bici. Nunca ví ese vídeo que grabamos en Trajano
http://atemporal.bitacoras.com/archivos/2005/07/30/aprendiendo-a-pedalear
besos
October 22nd, 2009at 3:34 am(#)
Qué lote de reir con tu historia!!
No me reía tanto desde que nos contaste lo del Fuji!! (Es que ahora no tengo sidra a mano)
Mi profe de autoescuela fue… ejem… mi madre. Como podéis imaginar, la confianza da asco y la delicada pedagogía que practicaba con el resto de los alumnos contrastaba con su papel híbrido de profesora y madre cuando nos quedábamos a solas en el coche. Actuaba como en casa, pero según los dictados del código de circulación. Lo bueno era que yo, además del papel de alumno, podía ejercer de hijo y llevarle la contraria o decirle que ya había visto que estaba en rojo o que no pasa nada por aparcar con el oído con la típica actitud listilla del hijo, del alumno de autoescuela y del adolescente. El tío más listo del mundo. El ombligo del mundo, vamos.
En todo caso, prefería estar a solas con ella (y combinar lo familiar y lo profesional) que volver a compartir coche y clases con aquella otra alumna que tenía con la que me puso los dos primeros días. No sé qué coño desayunaba aquella chiquilla, tan mona, pero os juro que la densidad de sus eructos obligaba a mi madre a bajar disimuladamente la ventana de par en par a pesar de estar en pleno mes de diciembre.
Lo sentí mucho por ella, por mi madre, pero me negué a sacarme el carné si había que pasar por aquello. Así que me vi marginado como usuario en el propio negocio familiar. Mis horarios eran los peores, cuando quedaba algún hueco suelto, y hasta había días en los que me decía “hoy no das clase” y yo me quedaba con cara de michael knight frustrado.
Así que claro, fui al primer examen cogido con pinzas. Sí, ya sabía conducir en su sentido más estricto (sabía manejar correctamente aquella máquina), pero en lo relativo a la circulación tenía poca o ninguna idea. Imagina el papelón del día del examen, salida desde el Alcampo (Ronda del Tamarguillo), el examinador pregunta quién es el primero y todos empezamos a silbar, así que mi madre me dice: “tú, al coche”. Y yo al coche; y mi madre al lado; y el examinador detrás. Después de pedirme el DNI me dice con un tonito que sólo pueden perfeccionar ellos, los examinadores de tráfico: “Así que eres el hijo de Ana, ¿eh? Pues hala, a dejar el pabellón bien alto”. Y vaya si lo hice: durante el examen me salté una línea continua para adelantar a uno que por lo que se ve me estorbaba y al llegar al campo de batalla de una rotonda allá por San Juan de Aznalfarache di por hecho que aquellos coches me cederían el paso, aunque legalmente tuvieran preferencia sobre mí. No lo recuerdo bien, pero creo que el coche se me caló en mitad de la maniobra y al examinador le faltó decirme “miarma, párate donde puedas, que el pabellón lo has dejado pa que te den por culo”. Mi madre llorando (en privado, eso sí) y yo en plan no pasa nada, pero no hay duda de que soy objetivamente el más pardo. Diría que aprobó hasta la de los eructitos con olor (y diría que hasta sabor) a ajo mezclado con chorizo.
A la semana siguiente me volví a presentar y todo fue sobre ruedas (esta vez en sentido literal y figurado). Ya tenía carné, aunque aún tuve que pasar otro examen ante la autoridad moral de mi padre, de profesión transportista. Es el precio que has de pagar por vivir en una familia de profesionales de la automoción. Pero este próximo diciembre hará 10 años que soy un conductor de primera.
¡Besotes!
r.
October 22nd, 2009at 3:39 am(#)
jajajajajaja grande Rubén… menos mal que pediste calses en solitario sino hubieras muerto por intoxicación de chorizo y ajo…
muchas gracias, darling…
October 22nd, 2009at 6:06 pm(#)
juassssssss!!! Que bueno!!!
Me ha encantado X_X
Mi primera clase?? La verdad es que no me acuerdo…me acuerdo del profe de la autoescuala (aunque no recuerdo su nombre…) era un tipo singular (creo que viene con la profesión, pero seguro que Rubén puede confirmarlo…)
Lo que si recuerdo, y ya me gustaría conseguir olvidarlo, es el día del examén práctico… Nos examinabamos 5, y a mi me toco el último. Casí dos horas viendo a los demás hacer su examen. Yo que soy de naturaleza calmada, no estaba nervioso. Tenía ganas de hacer la prueba para que acabará de una vez, y con mi natural parsimonia me pusé al volante cuando por fin llego mi turno.
Siga recto, y cambie la dirección del sentido de la marcha cuando sea posible; incorporese a la vía rápida; salga por la tercera salida de la rotanda; gire a la derecha en la próxima intersección; por favor, aparque.FIN
Salga del coche. Salgo. 3 minutos después salé mi profesor. Faz turbada. Mirada esceptica.
-Nicolás, has aprobado. Realmente no me lo esperaba…-
Nicolás: no coments. Pensamiento que me recorría el espinazo “Será capullo este tio… ”
El crétino de mi profesor profesó una absoluta falta de fe en mi, lo que no te hace las clases cómodas, en ningún momento me sentí apoyado por él… y el mandril ni siquiera se callo el comentario tras haber aprobado… en fin…
Después de eso apenas conduje… tuvieron que pasar 3 años hasta que REaprendiera el maravilloso arte de la conducción en las salvajes tierras balcánicas (las cuales padecisteis bajo mi inexperto pilotaje)… pero después de conducir en los Bálcanes, no hay carretera que se me resista Y_Y
Ánimo y tranquila… llegará un día en que te gustará, y disfrutarás del placer de conducir…
¿Te gusta conducir?
Besos hispalenses
Nico
October 24th, 2009at 8:00 pm(#)
Ay, ay… mi primera clase oficial consistió en “coja usted el coche a las ocho y media de la tarde en noviembre, lloviznando, vaya conduciendo sus veinte kilómetros, quince de los cuales son en autovía, hasta la ciudad y, métase en ella… que para los que no hayan conducido nunca en Huelva, es como ir en los coches-tope, porque todo el mundo se para donde le sale de las narices (un día me encontré en una calle de un sólo carril un coche en doble fila a la derecha y otro a la izquierda… de forma que era imposible pasar… en fin) y le trae sin cuidado la señalización la mitad de las veces. Pero, no fue tan mal, porque no era la primera vez que me ponía al volante de un coche (no sabía conducir, pero me sabía las marchas, siempre he sido copiloto de una amiga que fue inteligente y se sacó el carnet cuando acabó el instituto y todo lo que es señalización y normativa me la sabía de eso y de ser copiloto de mi madre (parece ser que soy buena copiloto xD)…
Pero el primer día que puse mis manos en un volante, jejeje… puse el coche a dos ruedas haciendo un giro en un terraplen… mi madre se puso blanca y nunca más intentó enseñarme a conducir…
Mi profe de autoescuela era maravilloso… para enseñarnos a hacer los cedas y reducir marchas, te llevaba a una zona en la que estaban hechas las calles pero las casas no estaban terminadas, te ponía en tercera o cuarta y, de repente, te decía “el coche es tuyo, haz el ceda en la segunda intersección”… y ahí te las apañaras xD Debo decir que a mí me encantó y me lo pasaba genial cada vez que se lo hacía a alguien… pero también es verdad que yo soy un poco sádica y un poco temeraria… y desde el primer día me gustó conducir, a pesar de mis primeros minutos de pánico en la autovía (en la que también tuve que adelantar, porque había un coche a 80km/h y, claro, yo tenía que ir a 100 (por algún motivo estúpido, la autovía que va a Huelva desde donde vivo está limitada a 100).
Ya le irás cogiendo el tranquillo, mujer… y, lo que mejor funciona dentro del coche es no pensar en lo que estás haciendo… cuanto más intentas pensar cada movimiento, más torpes te salen… y más señales te saltas y más peatones… aunque lo de los peatones es un mundo aparte, porque tienen la maldita costumbre de salir de ninguna parte y, al menos en Huelva, son tan inteligentes que antes de la mayoría de pasos de cebra del centro hay contenedores de basura o cosas así… al menos a mí siempre me salían peatones de detrás de contenedores de basura… y lo que más me costaba era darme cuenta de los semáforos que hay justo a la salida de algunas glorietas que suele estar en ambar y a veces en rojo y hay semáforo de peatones también… y si el semáforo de peatones está en verde, tienes que pararte y si está en rojo, no… pero siempre pasa un tiempo entre que el de los coches pasa a estar en ambar y el de los peatones pasa de verde a rojo… así que ves el semáforo de los peatones en rojo y piensas “puedo pasar”… pero no, porque el tuyo está en rojo… y si, encima, está mirando a Gerbes, pues… xD lo pasaba fatal con esos semáforos…
October 26th, 2009at 12:12 am(#)
jajaajajaj, es que todo esto nos ha pillado viejas cariño (yo es q ya estoy con la depresión porque se acerca el mes de enero)… no me quiero ni imaginar en tu situación. mi única experiencia parecida fue en las típicas excursiones familiares en las que mi padre aprovechaba para enseñarnos a conducir. la vez que me tocó a mi y me senté frente aquel volante, me eché a llorar del nerviosismo. mi padre flipó tanto q no lo intentó nunca más. así que aquí me tienes, con 26 añitos y sin haber conducido nunca.
mucho ánimo!!